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¿Por qué Obama busca relaciones diplomáticas con Cuba?
Posted on 15 abril, 2015
Por Omar Díaz de Arce*

Hace unos días comenté en torno a un acucioso análisis de mi amigo
Haroldo Dilla sobre la posible reanudación de relaciones entre
Washington y La Habana. En esa anotación decía que al formidable ensayo
de Dilla le falta en mi opinión solo un elemento: ¿Por qué Obama le
ofrece a Raúl Castro en este momento el restablecimiento de relaciones
diplomáticas?

El presidente estadounidense es un hombre de visión y sensibilidad
políticas, y al igual que Carter y Clinton en su momento, se dio cuenta
que la situación de aislamiento en la arena internacional, sobre todo en
relación con América Latina, era ya insostenible para Washington.
Incluso la otrora dócil OEA ya no podía convocar a ninguna reunión
hemisférica sin que estuviera presente el gobierno de La Habana. Y la
próxima tocaba en Panamá. Eso sin olvidar las humillantes votaciones
contra el embargo en Naciones Unidas.

De espías y aliados

Fui testigo de cómo la inteligencia cubana infiltró a un colombiano en
el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), algo que
estuvo en boga durante más de 50 años en los organismos internacionales
e incluso en los propios Estados Unidos, como fue el sonado caso de la
superespía del Pentágono, Ana Belén Montes.

Visto desde el ángulo de los intereses de Estados Unidos, la movida se
explica perfectamente, al margen de la situación cubana. Esa campaña
global de la inteligencia y la diplomacia cubanas sirvió para poner a
Washington contra la pared en la arena internacional, empezando por la
manera en que Fidel Castro supo acercarse y convertir en aliado a Hugo
Chávez, dándole tribuna en el Aula Magna de la Universidad de La Habana
para hablar de revolución y sueños de hermandad bolivariana desde el
temprano diciembre de 1994.

Y aunque Obama apenas se había ocupado de América Latina, no tardó en
darse cuenta de que algo había que hacer para resolver tan peligrosa
situación en momentos en que la ofensiva china se intensificaba cada día
sobre el continente. Aun así, tuvo que moverse en secreto, pues los
enemigos del proyecto eran muchos y peligrosos. De las negociaciones no
se enteró ni el presidente del Comité de Relaciones Exteriores del
Senado, el ahora vilipendiado senador Bob Menéndez, ahondando las viejas
diferencias entre ambos.

Tras varios meses de negociaciones se llegó a la VII Cumbre de las
Américas en Panamá, donde ocurrieron varios sucesos inéditos. En primer
lugar, la entrevista pública y cara a cara de Barack Obama con Raúl
Castro. Pero lo más llamativo fue el intento de los agentes enviados
desde La Habana por reventar el llamado “foro de la sociedad civil”, lo
que hizo posible que, gracias a la divulgación televisiva, se conociera
de los violentos “actos de repudio” contra disidentes y opositores. Fue
un espectáculo decadente que alertó al mundo- y no solo a las
delegaciones latinoamericanas presentes- del hipócrita doble discurso de
la dictadura cubana: elogios a Obama por un lado, y guerra abierta a
quienes cuestionaran el régimen represivo de partido único que La Habana
esgrime supuestamente para defenderse del “bloqueo”, como la propaganda
enarbola la larga batalla contra el embargo.

A veces sí, otras no

En Panamá quedó claro que lo nuevo de la política castrista se resumía
en una frase: “En algunas cosas podemos ceder; en otras no”.

De todas formas, el discurso de Raúl Castro ofreció una disertación de
historia que dio pié a una ironía de Obama (obviemos la desafortunada
intervención del presidente ecuatoriano Rafael Correa) que la presidenta
argentina Cristina Fernández de Kirchner no entendió, provocando que
dedicara buena parte de su intervención a ensalzar su gusto por la
historia y a sermonear sobre la utilidad de aprender de sus lecciones.

La más elocuente referencia histórica de Castro fue la siguiente:

El 6 de abril de 1960 -apenas un año después del triunfo-, el
subsecretario de Estado Lester Mallory escribió en un perverso
me­morando -y no encuentro otro calificativo que darle. Este memorando
fue desclasificado decenas de años después-, cito algunos párrafos:
“(…) la mayoría de los cubanos apoya a Castro… No hay una oposición
política efectiva. El único medio previsible para restarle apoyo interno
es a través del desencanto y el desaliento basados en la insatisfacción
y las penurias económicas (…), debilitar la vida económica (…) y privar
a Cuba de dinero y suministros con el fin de reducir los salarios
nominales y reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento
del gobierno.

Cuando llegué a Miami, en 1991, aquí se denominaba esa política
esbozada en el memorando de Mallory como la estrategia de la “olla de
presión”, o sea, como se dice en cubano: “Darle candela al jarro hasta
que suelte el fondo”. Eso comenzó a llamarse en Cuba -y también lo
reiteraron los diplomáticos de la Isla en la ONU-, no sin razón, una
política genocida.

Lista de desdichas

Como es natural, el General de cuatro estrellas no mencionó en su
alocución todas las barbaridades cometidas por su hermano Fidel y por él
mismo desde principios de los años sesenta: fusilamientos de militares y
opositores; numerosas intromisiones guerrilleras en el continente;
guerras africanas que costaron miles de vidas con el propósito de
satisfacer el ego del líder máximo bajo el pretexto de ayudar a pueblos
de todas partes del mundo; introducción de armas nucleares soviéticas
que pusieron en riesgo la supervivencia de la nación y quizás de la
humanidad; ofensiva revolucionaria que “nacionalizó” hasta los puestos
de frita; la zafra de los Diez Millones que paralizó el país en 1969-70;
incontables planes del “Comandante” que fracasaron estrepitosamente;
división de las familias cubanas; éxodo masivo de individuos de varias
generaciones; opresión generalizada y eliminación de los derechos
civiles y políticos de la población; total censura de prensa y supresión
de la libertad de expresión; alianza con las peores dictaduras del orbe
(Gadafi, Corea del Norte, Bashar al Assad, el rumano Ceaucescu, los
líderes estalinistas soviéticos..). Largo recuento porque la lista de
desdichas es interminable.

Todo este panorama de desastrosa conducción política y económica del
país lo justifica Raúl Castro como legítima defensa ante una política
que pretendía derrocar al gobierno revolucionario. Esto último es
cierto: El propósito era el de acabar con el comunismo cubano. Pero se
ha hecho evidente que la forma de prevenirlo no era arrasar ellos antes
la economía, la infraestructura y los deseos de vivir en Cuba de la
mayoría de sus habitantes, como lamentablemente muestran las cifras de
una reciente encuesta realizada en la isla. Sin contar que en varias
ocasiones el gobierno de La Habana desestimó ofertas de diálogo con
Washington, lo que habría evitado muchos desencuentros y penurias.

Este martes, el presidente Obama dio otro paso consistente con su
política de acercamiento al vecino conflictivo y certificó la exclusión
de Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo. Por cierto,
algo similar hizo George W. Bush al excluir de ese listado, primero a la
Libia de Gadafi y luego al régimen de Corea del Norte, pero parece que
nadie quiere recordarlo.

La decisión cumple también el doble propósito de quitarle motivos a Raúl
Castro para el discurso de la confrontación y desenredar el nudo
gordiano de la discordia entre Washington y Latinoamérica. Una política
hábil para los pasos estratégicos de Estados Unidos en el nuevo
escenario de un mundo globalizado e interdependiente.

*Doctor en Ciencias Históricas y ex profesor de Pensamiento Político
Latinoamericano de la Facultad de Historia de la Universidad de La
Habana. Actualmente reside en Miami.

Source: ¿Por qué Obama busca relaciones diplomáticas con Cuba? | Café
Fuerte –
http://cafefuerte.com/cuba/23730-por-que-obama-busca-relaciones-diplomaticas-con-cuba/

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