Censorship in Cuba – Censura en Cuba
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Los corderos de Dios
Soy enemigo de cualquier abuso como el que cometen con las Damas de
Blanco y los opositores en todo el archipiélago nacional.
Angel Santiesteban
mayo 11, 2015

La abuela de un amigo aseguraba que la mayoría grita por el callo propio
y pocos por el ajeno, porque no les duele. Precisamente hace solo unos
días escribí un post donde mencionaba al intelectual cubano Víctor
Fowler. A pesar de haberle explicado el real dilema por el que la
Seguridad del Estado amenazaba con encarcelarme –y él me escuchara y al
menos dijera reconocer mi situación– en esa oportunidad le brindé un
adelanto en mi auto, cuando lo encontré en la calle llevando a su hijo a
la Biblioteca Nacional José Martí para un taller cultural. En ese
intervalo me hizo creer que se solidarizaba con mi caso. Juro que si
hubiera opinado adverso a mí, incapaz de bajarlos del auto, al
contrario, lo hubiese admirado.

Lo cierto es que luego se bajó con la firma que convocaron aquellas
damas en la UNEAC. Y luego no firmó cuando la actriz María Luis Rubio
fue golpeada en las afueras de su casa por su actitud disidente. Graves
contradicciones para quien luego clama porque lo ha humillado un
custodio de un edificio que no lo dejó acceder al recinto, según él, por
el color de su piel, e intenta convocar a un escándalo nacional.

Por supuesto, me declaro totalmente opuesto a cualquier acto de
discriminación racial, sexual, religiosa o de pensamientos sociales,
culturales y políticos. Soy enemigo de cualquier abuso como el que
cometen con las Damas de Blanco y los opositores en todo el archipiélago
nacional. Se es noble y justo de sentimientos para toda injusticia o
ninguna, y mucho menos, para defender las causas personales.

Recuerdo que allá por la mitad de la década de los 90, escuché al
entonces presidente de la UNEAC, y hoy asesor de Raúl Castro, Abel
Prieto, expresarse de manera descompuesta y amenazante sobre una
información de Víctor Fowler con respecto a una queja que hiciera
públicamente ante un grupo de filósofos cubanos que intercambiaban en la
sede del gremio de escritores: “Pero ¿qué está diciendo Fowler? Mejor se
queda callado, que le acabamos de entregar un apartamento”.

Precisamente me encontraba en aquel lugar luego de haber ganado el
Premio Nacional de la UNEAC en el género cuento y –por su temática
basada en la guerra angolana– Abel Prieto me suplicaba llegar a un
arreglo y que yo sacara del libro cinco cuentos que consideraba muy
críticos. “En mi mandato no he censurado a nadie”, me decía. Es decir,
aquel acto no era una censura, pues me ofrecía un apartamento para que
aceptara, lo que finalmente hice luego de recordarle su frase contra
Fowler, temiendo que luego lo hiciera conmigo. Me lanzó el brazo por los
hombros, política al fin, y riendo me aseguró que no lo volvería a
hacer, una manera de reconocer su actitud negativa y humillante.

Quizás a Víctor Fowler no le haga falta mi apoyo desinteresado, pero
–además de hacerlo por él– lo hago por una necesidad personal. Por
asumir actitudes como esa, hoy me encuentro entre rejas.

[Ángel Santiesteban-Prats escribió este post el 13 de abril de 2015.
Prisión Unidad de Guardafronteras y fue publicado en su blog Los Hijos
que nadie quiso].

Source: Los corderos de Dios –
http://www.martinoticias.com/content/los-corderos-de-dios-/94004.html

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