Censorship in Cuba – Censura en Cuba
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Las paradojas sobre una puesta en escena
Juan Carlos Cremata no volverá a hacer teatro en Cuba. ¿Podrá hacer
cine? ¿Deberá entonces hacer silencio ante lo inefable para conseguirlo?
martes, septiembre 15, 2015 | Jorge Ángel Pérez

LA HABANA, Cuba.- El lunes 7 de septiembre, por la noche, Cremata me
envió un correo en el que daba los detalles de una reunión a la que
asistió en la mañana de ese día en el Consejo Nacional de las Artes
Escénicas. Fue prolijo en los pormenores de una resolución, leída en voz
alta, con la que le hacían saber que su proyecto teatral El ingenio,
quedaba disuelto, y como si fuera poco se decretaba algo peor, casi
insólito; Juan Carlos sería apartado de toda actividad teatral y los
actores de su proyecto reubicados en otros grupos. Luego de los
detalles, me pedía discreción, sugirió que si resolvía pronunciarme lo
hiciera únicamente después de que él mismo hiciera público el castigo y
su inconformidad. Entonces le hice llegar un abrazo como respuesta y
respeté su voluntad, pero no dejé de dar vueltas al asunto, me resultaba
difícil creer que las medidas de las autoridades culturales llegaran a
ese extremo, pero bastó con que volviera la mirada a un pasado nada
lejano, a ciertos hechos ya quitados, en apariencia, de la vista, pero
que estaban ahí, irreversiblemente para siempre. Me puse a hacer
recuento y escribí primero un nombre, después otro y luego uno más…,
hasta que se hizo larguísima, e incompleta, aquella lista. Justo al lado
de cada nombre anoté fechas y en algunos casos los castigos impuestos,
entonces lo ocurrido esa mañana dejó de parecerme insólito, lo que
sucedió con Cremata no era nada extraordinario si pensábamos en las
repeticiones y también en la actualidad que volvía a tener ese pasado
vergonzante de la cultura cubana. Ante aquellas evidencias podría venir
el mismísimo Heráclito a decirme que nadie se bañaba dos veces en un
mismo río, parece que en esta geografía las aguas están estancadas.

Leí una y otra vez la resolución que envió Juan Carlos a colegas y
amigos; y me di cuenta de que en nada habían cambiado nuestro nada
heraclitano rio. Sin embargo, algo resultaba muy curioso en esa
resolución y era el cinismo; en aquel panfleto jamás se aludía a la
censura de El rey se muere, esa puesta que solo consiguió dos funciones.
La resolución que anunció el castigo se refiere a cierto conflicto
ético-profesional que “provocó” Juan Carlos Cremata con el mencionado
Consejo, al que “realizó ataques desmedidos” a través de la prensa
extranjera y también en las redes sociales; lo que a ellos les parecía
incompatible con el objeto social para el que fue creado el proyecto.
Así escribieron, sin mencionar las causas que llevaron al director a
expresarse de tal modo. El proceder del artista no tenía un antecedente,
había salido de la nada, parecía una malacrianza, un capricho de niño
mimado e irresponsable. Pero el escarmiento no sería una palmadita o un
responso breve. La sanción le costará muchísimo, es tan enorme que
obligará al artista a replantear su vida como creador, como tuvieron que
hacer muchos en un pasado nada lejano. Juan Carlos Cremata no volverá a
hacer teatro en Cuba. ¿Podrá hacer cine? ¿Deberá entonces hacer silencio
ante lo inefable para conseguirlo? “De lo que no se puede hablar se debe
callar”. Solo que Cremata decidió no enmudecer… ¿Cuánto le costará esa
decisión?

Quien sí calló algunas cosas fue el Consejo de las artes escénicas,
fueron ellos los que no mencionaron la censura que lo hizo pronunciarse.
En ninguno de los muchísimos “por cuanto” ni tampoco en los “resuelvo”
se hace referencia a que la puesta en escena de El rey se muere no
sobrepasó las dos representaciones, y mucho menos que no fue decisión
del artista abandonarlas. La responsabilidad fue de la entidad
patrocinadora, fue el consejo quien decidió prohibir, y fueron también
ellos quienes decidieron castigar, incluso cuando no se había cumplido
el programa de presentaciones. Cremata estaba obligado a cumplir, según
ellos, los objetivos artísticos, los cronogramas de trabajo y estreno.
¿Quién incumplió entonces? ¿Fue Cremata? Fueron ellos. En la resolución
aparece referido el hecho de que puede culminar la representación del
Consejo si el trabajo no tiene calidad artística, pero no es por causa
de la falta de calidad que se castigó, al menos la resolución no lo dice
nunca. En el discurso resolutivo la puesta no existe y las razones del
infortunio son otras, según ellos, y ya las mencioné. ¿Por qué le exigen
entonces silencio? ¿Por qué no quieren que se defienda? ¿Acaso la prensa
cubana comentó el “desatino”? ¿Apareció algún comentario en un
periódico? ¿Dijo algo la televisión? Nada apareció en la prensa cubana,
porque como dije antes sobre este mismo caso, tienen la certeza de que
si comentan legitiman, despiertan la curiosidad de los otros, y sus
decisiones podrían convertirse en bumerán. ¿Quién, entonces, si no el
mismo tendría que salir en su propia defensa?

Me pregunto a cada instante si quienes dirigen esa institución y
decidieron castigo tan terrible, se sentaron antes con el director para
conocer los detalles de esa versión de Ionesco. ¿Sabían de qué se
trataba? No creo que ningún patrocinador en el mundo costee un proyecto
que desconoce. El Consejo de las artes escénicas prefiere hablar de
ética cuando sería mucho mejor, y sobre todo más prudente para un
funcionario de la cultura, hablar de estética: ya sabemos, porque no los
han advertido muchas veces, que la ética se repite hasta el infinito
según las conveniencias, mientras que la estética se renueva y eso es
mucho más importante para la creación artística.

Su defensa me parece más que justa, sobre todo porque ahora, como ya
conocemos, se quedó sin representación, sin una entidad que lo
patrocine. ¿Y si la consiguiera, por ahí, lo dejarían hacer algo?
Insisto una y otra vez en lo justo de su defensa, no pueden también
privarlo del derecho al pataleo, mucho más lo será si convocamos a la
memoria, si hacemos relucir los eventos como este que guarda para
siempre nuestra historia, y las consecuencias que trajo. Muchos son los
casos de censura que conocimos hasta hoy pero que muy pocas veces son
nombrados, y si se les menciona es para hablar de un período gris “tan
breve”, que no tiene mucha importancia…, parece que con los días van
olvidando censuras, reprobaciones, parametraciones…

Refiriéndome a este mismo caso escribí, en el mes de julio, sobre la
importancia del diálogo y otra vez insisto en su valor, porque “es el
dialogo quien propicia el razonamiento”, ese mismo dialogo y ese mismo
razonamiento del que quieren prescindir. ¿Hasta cuándo los vamos a
posponer? Es ese diálogo quien nos acerca a la razón, y esta aleja los
prejuicios, propicia ideas nuevas, incluso cuando se convierte en
polémica, como aquella entre Parménides y Heráclito que todavía
sobrevive. La disparidad de opiniones nunca hizo a una más razonable que
a la otra. La razón nos diferencia de los animales. Sería bueno que
quienes ejercen la censura se decidan por el buen razonamiento, pero un
razonamiento que no sea perezoso, porque ese conduce a la repetición, a
la inercia…

Source: Las paradojas sobre una puesta en escena | Cubanet –
https://www.cubanet.org/opiniones/las-paradojas-sobre-una-puesta-en-escena/

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