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‘Lo único que todavía no me pueden quitar es mi cuerpo’
ERNESTO SANTANA | La Habana | 2 Oct 2015 – 10:32 am.

Un acercamiento a la trayectoria y el significado del artista Danilo
Maldonado, El Sexto.

Danilo Maldonado (El Sexto) y Tania Bruguera fueron los protagonistas de
fondo de la pasada Bienal de La Habana, a pesar de que él se encontraba
en prisión acusado de “desacato” y ella, retenida en el país contra su
voluntad, estaba bajo amenaza de un proceso judicial por las acusaciones
de “resistencia a la autoridad” y de “promover desorden público”.

Es notable que ambos artistas intentaran realizar una performance en
grandes espacios públicos. La de Maldonado, el 25 de diciembre de 2014,
en el Parque Central, se iba a llamar Rebelión en la granja; la de
Bruguera, cinco días después, en la Plaza de la Revolución, se llamaría
El susurro de Tatlin.

La policía política no dejó que las performances ocurrieran, pero, al
mismo tiempo, hizo que ocurrieran. La de Tania Bruguera terminó cuando
le devolvieron su pasaporte y pudo salir del país en el mes de julio,
pero la rebelión en la granja de Danilo Maldonado, El Sexto, nueve meses
después, aún no acaba.

Cuando en abril de este año le otorgaron el Premio Václav Havel en
ausencia, Thor Halvorssen, presidente de la Human Rights Foundation,
expresó que El Sexto pertenece a la “generación de relevo” de aquellas
figuras históricas que “pacíficamente, utilizando solo palabras,
intentaron mover los cimientos de esas dictaduras de tal modo que
cambiaron la historia”.

En esa ocasión, Gari Kaspárov expresó que lo que realmente había
provocado la detención del artista fue que, al comparar a los hermanos
Castro con los personajes porcinos de Rebelión en la granja, había
“expuesto la naturaleza de un régimen totalitario”. Carolina Jiménez, de
Amnistía Internacional, que lo considera un preso de conciencia, declaró
que “encarcelar a un artista por pintar un nombre en un puerco es ridículo”.

Si la sola circunstancia de que Danilo continúe preso es ya inaceptable
y resulta una burla desmedida a las protestas dentro de Cuba y en el
mundo, a las cartas firmadas por centenares de personas solidarias, la
decisión del artista, creyéndose sin otra opción, de someterse a una
huelga de hambre que ha podido aniquilarlo, es, además de triste,
demasiado indignante.

Ante la gravedad de esta situación y la indiferencia criminal de la
dictadura cubana, Tania Bruguera envió a Ban Ki-moon, secretario general
de la Organización de Naciones Unidas, una carta donde denunciaba la
presión y la censura a la que están sometidos los artistas en Cuba, y
donde también solicitaba de él, en cuanto al caso particular de El
Sexto, “toda la ayuda posible” para que contacte con el Gobierno cubano
y así “evitar un desenlace trágico”.

Señalaba Bruguera, además, que Maldonado “tiene el derecho de ser
liberado de la prisión mientras espera por la decisión del fiscal” y por
eso pidió a Ki-moon que presentara el caso ante Raúl Castro mientras
todavía se hallara en Nueva York participando en la Asamblea General de
la ONU. “Ninguna vida debe estar en manos de ningún gobierno por la
única razón de que no quieran reconocer que han cometido un error”,
escribe Bruguera, e insiste: “Ninguna vida debe ser usada como chivo
expiatorio para dar una lección al resto de la comunidad artística”.

Un artista del grafiti

Danilo Maldonado Machado (1983) también estaba detenido cuando vino el
anterior Papa, Benedicto XVI, porque estar arrestado e incluso
desaparecido durante días por la Seguridad del Estado, con cualquier
pretexto, se ha convertido en una norma, más que una excepción, en los
últimos cinco años de su vida.

Le han cerrado, o no le han dejado siquiera inaugurarlas, numerosas
exposiciones en La Habana, además de todas aquellas en las que le han
impedido participar como un artista plástico más, para lo cual la
policía política se ha valido de la intimidación más grosera a los
dueños del local o a los organizadores.

En una entrevista que le hizo Antonio Rodiles en Estado de Sats en enero
de 2012, Maldonado dijo, hablando de su impulso creativo contestatario:
“Ese grito en tu interior es tan fuerte que ya no puedes aguantarlo
más”, añadiendo que se ve a sí mismo como “un ser humano que necesita
expresarse ante todo”, y que “me pueden considerar opositor o la palabra
que ellos quieran inventar”. Y remató la idea con una frase que ahora
tiene el sentido que hace tres años y medio no tuvo: “Yo voy a seguir
haciendo lo que hago, aunque me cueste la vida”.

Su primer grafiti, en 2009, apareció por todo San Agustín, su barrio: el
signo Rev —rebobinar— de la tecla de una grabadora con dos flechas
debajo apuntando muy significativamente hacia atrás. Descubrió ante todo
cómo podía llamar a las puertas del poder incluso con míseros recursos.

Su propia cara, con expresión interrogante, una estrella de cinco puntas
partida y la pregunta ¿Qué pasa? fue su segundo grafiti, que esta vez se
extendió a lo largo y ancho de toda la ciudad. En ese mismo año 2009 se
le ocurrió la idea de crear un personaje casi en broma: un superhéroe
que nos salvara de “esto” a todos.

Para crearlo, Danilo partió de la omnipresente campaña mediática oficial
por la liberación de los “Cinco Héroes”. Así surgió el “Sexto Héroe”:
una sátira sobre una farsa. Se asombró con la rápida comprensión de la
gente y descubrió entonces que perdía el control sobre lo que
significaba “El Sexto”, que él veía como a una persona cualquiera, pues
cualquiera puede ser un “héroe” libre, ya que, aunque tantos crean que
“no se puede hacer nada porque nadie hace nada, siempre hay quien se
atreve a expresar abiertamente lo que siente, lo que piensa”.

Luego llegaría la furia creativa, los múltiples grafitis por toda La
Habana, la ironía de Devuelvan mis cinco euros, las primeras detenciones
y amenazas. Le ordenaban que se quitara un pulóver con el letrero Laura
Pollán vive y, como no obedecía, se lo desgarraban. “Nosotros vamos a
derrumbar la pared”, declaraba Danilo, ya convertido en El Sexto, “para
nuestros hijos, para nuestra familia. Vamos a acabar con este miedo”.

Tuve ocasión de entrevistarlo para Cubanet en dos o tres ocasiones. Nos
vimos muchas veces en diversos lugares y conversamos ampliamente. Me
parecía evidente su naturalidad, su incapacidad para la ostentación.
Hablaba sin excesivo énfasis, nunca en voz alta, siempre paciente y muy
convencido, como si hubiera nacido pensando así.

En una entrevista en mayo de 2012 le pregunté por su formación y
contestó que —aunque estudió un tiempo en el taller de Roberto Diago y
en una casa de cultura, y admiraba a Amelia Peláez, Antonia Eiriz, Mirta
Pilar, Hilda Vilar, Arte Calle, Ezequiel Suárez, Luis Trápaga, y a
muchos otros, por no hablar de Basquiat— “lo que verdaderamente me
formó, me nutrió, fue la calle”.

Otra cosa que dijo, que hoy cobra pleno sentido es que “cada vez que la
situación se pone más difícil, me siento más estimulado a crecer. Uno
termina en el piso o se crece, pero no puede acostumbrarse a perder. Yo
sé quién es el enemigo y qué quiere”. Pero no había en él intolerancia
pues, por ejemplo, se sentía capaz de compartir espacio con un artista
que estuviera haciendo absolutamente lo contrario que él.

“Si tu comportamiento delante de la gente es mentira”, decía, “puedes
estar con una mujer que no te gusta, hacer un trabajo que no te gusta,
andar con gente que no te gusta, y ya en tu vida todo es mentira”.
Redondeaba este concepto con la certeza de que uno debe decir bien claro
que no, “que por aquí no van a pasar”, porque, en caso contrario, “tu
vida se enreda con mil mentiras y no puedes controlarla, y llega un
momento en que firmas una carta apoyando que maten a alguien y abrazas a
Fidel Castro”.

Declaró en esa ocasión El Sexto que “el arte me cambió la vida, fue como
un despertar, mejor que cualquier religión. Yo vivía ciego. Y lo mejor
que me pasó fue ser artista aquí en Cuba, incluyendo las malas
experiencias que desgraciadamente suceden, pero que ayudan a madurar
para cosas superiores. Lo más sencillo sería irme. ¿Y por qué hacerlo si
esta es mi casa?” Posteriormente, tendría oportunidad de viajar a Europa
y a Estados Unidos, pero regresó aquí.

Cuando lo entrevisté en septiembre de ese mismo 2012, se había hecho un
tatuaje con la figura de Oswaldo Payá “para rendir homenaje al hombre
que inspiró el Proyecto Varela y dio mucha esperanza y mucha fuerza al
pueblo de Cuba cuando se creía que era imposible acabar de manera
pacífica esta dictadura”.

El Sexto quería convertir su cuerpo en una ofrenda “a estas personas que
están siendo asesinadas por el Gobierno: Laura Pollán, Orlando Zapata,
Wilman Villar y otros. También voy a incluir el remolcador 13 de marzo y
la cantidad, el número de personas que murieron allí”. Según él, la
policía política podía cubrir sus grafitis con pintura rosada, hacer que
lo expulsaran de los estudios, “pero lo único que todavía no me pueden
quitar es mi cuerpo”.

Ya en esa época a Danilo le resultaba casi imposible vender sus obras
pictóricas, porque al comprador se las quitaban en la aduana del
aeropuerto. Le era difícil pasar varias semanas en un mismo estudio. Le
confiscaban los materiales que le enviaban por Cuba Pack y le
invalidaban las recargas a su móvil desde el extranjero, aunque ETECSA
se quedaba con el dinero. Le quitaban sus objetos personales y de
trabajo —agendas, diarios, sprays, cartulina, plumones, todo lo que
hubiera en su mochila— cuando lo detenían.

Y, sin embargo, increíblemente, Danilo no perdía la calma. Contaba sobre
la persecución y el acoso a que era sometido con un tono como si le
ocurriera a otro: “Ya no puedo trabajar nada en mi casa porque, cuanto
más te reprimen, más rebelde y más contestataria se vuelve tu obra, más
radical, y entonces la relación con mis abuelos y con mi madre no va
bien. Ellos tienen miedo”.

Héroe del no, artista del sí

Danilo Maldonado se declaró en huelga de hambre el 25 de agosto,
protestando por sus ocho meses de estar preso, la abandonó a principios
de septiembre y la reinició el 8 de septiembre. Los agentes que dicen
llamarse Kevin y William visitaron a su madre, María Victoria Machado,
en su centro de trabajo para que convenciera a su hijo de que abandonara
la huelga, de que “no trabajara para el enemigo” y “no cerrara más
puertas”, pues solo ellos podían ayudar. A esa altura ya la madre sabía
bien quiénes son los amigos y quiénes los enemigos y ni entonces ni
luego han podido contar con su colaboración.

Pero ella clama por justicia para su hijo. Aunque la directora y los
abogados del Bufete Colectivo del municipio Plaza de la Revolución
reconocen que él no llegó a cometer ningún delito, se niegan a dar
declaraciones a la prensa, y la abogada del caso, Mercedes Nery Ferrer
Iznaga, ha hecho un trabajo pésimo, si es que eso es trabajar, cuando en
realidad solo ha apoyado las acciones ilegales y ensañadas del régimen,
llegando incluso a amenazar a amigos del acusado que la visitaron en su
oficina.

Y es que Danilo pertenece no a una generación —pues son varias—, sino a
un conjunto de artistas muy diversos que, desde hace unos años, vienen
oponiéndose al régimen, unos más frontalmente que otros, en el campo de
la cultura y vueltos hacia el público, como Gorki Águila, Los Aldeanos,
Raudel Collazo (Escuadrón Patriota), OMNI-Zona Franca, Lía Villares,
Ángel Yunier Remón Arzuaga (El Crítico), Luis Trápaga, Maikel Extremo,
Ángel Santiesteban, Orlando Luis Pardo Lazo, entre otros.

Los hay que no son muy conocidos por lo difícil que les resulta
promocionar su trabajo, relacionarse con el público y a veces incluso
solamente realizar sus obras. Entre los que son ampliamente conocidos,
no obstante, el más acosado llegó a ser hace un tiempo Gorki, que pasó
dos años preso y luego ha sido detenido en infinidad de ocasiones y
tiene una cámara vigilando su casa.

Otro que ha sido reprimido con fuerza ha sido el escritor Ángel
Santiesteban, que acaba de pasar dos años y medio encerrado y se halla
en libertad condicional. Pero en estos momentos, tras nueve meses de
severas condiciones de cárcel, el artista más hostigado por el régimen
es El Sexto. También el más temido. Orlando Luis Pardo Lazo, escritor y
fotógrafo que ya no vive en Cuba, describió a Danilo como “un artista
libre, fuertemente odiado por su coraje y por su genio”.

Muchos recordarán aquel “chiste” de la oscura era soviética que
advertía: “No pienses. Si piensas, no hables. Si piensas y hablas, no
escribas. Si piensas, hablas y escribes, no firmes. Si piensas, hablas,
escribes y firmas, no te sorprendas”.

Danilo ha pensado, ha hablado, ha escrito, lo ha firmado todo y, lejos
de sorprenderse, ha sorprendido a los esbirros que lo persiguen, lo
aíslan e intentan en vano escarmentarlo, y los ha sorprendido mucho más
de lo que ellos podían esperarse. Demasiado. Por eso, serían capaces de
dejarlo morir, como han hecho en otras ocasiones.

Ese artista del cinismo y la miseria ética y estética que se llama
Alexis Leyva y se hace llamar Kcho —consciente de no ser entero—, que le
regaló al papa Francisco, con la bendición del beato Raúl, un Cristo
crucificado en una cruz hecha de remos, dijo en una Bienal: “El Sexto no
es nadie. En Suecia, tú haces grafitis y te meten preso. Eso no es arte
ni es nada”.

Es terrible, pero cierto: los cerdos duermen bien, y comen mejor, aun
cuando los hombres cabales languidezcan en la tiniebla sin ceder su
libertad interior. Al final de Rebelión en la granja, escribe George
Orwell: “¿Qué era lo que se había alterado en los rostros de los cerdos?
Algunos tenían cinco papadas, otros tenían cuatro, aquellos tenían tres”.

Lo único que todavía no le pueden quitar a Danilo es su cuerpo. Y su
dignidad tampoco.

Source: ‘Lo único que todavía no me pueden quitar es mi cuerpo’ | Diario
de Cuba – http://www.diariodecuba.com/derechos-humanos/1443740042_17262.html

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