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El amo de los monos
La nueva Asamblea Nacional en Venezuela podría promover una ley
otorgándoles la residencia a todos aquellos profesionales cubanos que lo
soliciten
Rafael del Pino, EEUU | 23/12/2015 10:47 am

Los cubanos, a pesar de la censura impuesta por el castrismo, pudieron
conocer a través de Telesur la importante victoria obtenida por el
pueblo venezolano frente a un proyecto social fracasado. La tarea no
será fácil para los nuevos legisladores. Ya son evidentes las maniobras
de los que ostentaban el poder absoluto tratando de desconocer y
torpedear la voluntad popular.
Los líderes políticos de la MUD, que supieron unir firmemente a la
oposición llevándolos a la victoria, tienen sus proyectos para sacar al
país de la terrible crisis económica y social a que los llevó el chavismo.
Creo que se debe reflexionar sobre uno de esos proyectos, el denominado
“Ley Candado” que propuso el líder político Henrique Capriles para
evitar que el Gobierno de Nicolás Maduro deje de “regalar” los recursos
del Estado con el fin de “comprar lealtades” internacionales.
“Esos dólares que se regalan a otras naciones por razones de
conveniencia política deben destinarse para comprar comida y medicinas
para el pueblo en esta difícil situación por la que estamos pasando los
venezolanos”, señaló.
No hay dudas de que el castrismo es el más beneficiado de estos
subsidios, teniendo en cuenta las decenas de miles de profesionales,
principalmente de la salud, que actualmente trabajan bajo condiciones de
esclavitud en Venezuela.
La Habana recibe pagos por sus misiones médicas, ya sea del país
anfitrión, en el caso de Venezuela, o de los países donantes que envían
fondos a la Organización Mundial de la Salud. Se supone que el dinero se
destina a los salarios de los trabajadores cubanos, pero ni la OMS ni
ningún país les paga directamente a ellos. En cambio, los fondos son
abonados en la cuenta de la dictadura que, a decir de todos, se queda
con la mayor parte de los fondos y le da al trabajador un estipendio
para vivir, con la promesa de un poco más a su regreso a Cuba.
La trata de personas no es algo nuevo para La Habana, ni se limita a los
profesionales de la salud. Hace varios años tres trabajadores cubanos,
de un contingente de 100 que fueron enviados por el régimen castrista a
Curaçao para trabajar, a cambio de la deuda del gobierno cubano con la
compañía Curaçao Drydock Company, desertaron, y al llegar a Miami
demandaron a dicha compañía por las condiciones infrahumanas y horrendas
en que laboraron, por el que le pagaban tres centavos la hora. El juez
federal en Miami falló a favor de los tres trabajadores cubanos.
Lo más bochornoso de estos acuerdos que realiza el Gobierno cubano con
otros países, principalmente con Venezuela, son los contratos leoninos
que el régimen les impone a los profesionales. Es una forma de
explotación del profesional, que siempre es considerado una propiedad
del Estado cubano.
Estudios independientes señalan que el Gobierno de Cuba recibe entre
$16.000 y $18.000 mensualmente por cada médico que labora en Venezuela.
El médico recibe unos $230 para sus gastos mensuales; entre $125 y $225
mensuales son depositados en una cuenta en La Habana, y $50 entregados a
la familia en Cuba, también mensualmente. El depósito en la Isla solo
puede ser retirado al término de la misión o tiempo de servicios en el
exterior.
Hasta aquí hemos analizado una parte de la ecuación personal. Ahora
debemos analizar la otra parte, que es la más complicada.
Los programas Barrio Adentro puestos en práctica en Venezuela, donde
laboran miles de cubanos profesionales de la salud, constituyen
indudablemente una conquista social sin precedentes para las capas más
humildes y necesitadas del país. Si en la proyectada “Ley Candado” se
considera terminar con los subsidios a Cuba, encubiertos con el pretexto
de pagos por los servicios que prestan los contingentes de mano de obra
esclava, se corre el riesgo de que el Gobierno de Cuba, en represalia,
retire a sus profesionales de la salud, lo que significaría para la
nueva legislatura un costo social, y por supuesto político, incalculable.
Aquí estamos ante un gran dilema. Si al aplicarse la “Ley Candado” se
revisan los convenios, pero se mantiene el programa de los profesionales
de la salud, aunque fuera en mejores términos económicos para el
gobierno de Venezuela, la nueva legislatura continuaría siendo cómplice
del castrismo en la trata de esclavos profesionales que implementa La
Habana.
Ante esta encrucijada no son fáciles las opciones. Sin embargo, hay una
solución que bien pudiera beneficiar a Venezuela y a miles de cubanos
actualmente sometidos a las más leoninas condiciones de trabajo por sus
amos castristas. La nueva Asamblea Nacional podría promover una ley
otorgándoles la residencia a todos aquellos profesionales cubanos que lo
soliciten, y negociar directamente con dichos profesionales los
contratos de trabajo que llevaran a cabo en el país. De esta forma se
elimina al mediador esclavista y se mantienen los programas Barrio Adentro.
Pero, además, todos ganan; primero Venezuela, que adquiere una inyección
de miles de profesionales calificados y que han demostrado que son
capaces de cumplir el juramento Hipocrático en las condiciones más
adversas y difíciles. Ganan los profesionales cubanos, que logran romper
las cadenas de un esclavismo desfasado, al estilo del que ejercían
aquellos negreros que hace siglos iniciaron estas prácticas inhumanas.
Paradójicamente, gana el pueblo cubano, que se verá beneficiado por el
incremento de las remesas que los residentes en el exterior envían a sus
familiares a Cuba. La desproporcionada plusvalía de que hoy se apropian
los esclavistas, en lugar de ir a financiar viajes de dirigentes, o
paseos en yate por el Mediterráneo de los descendientes de los Castro,
contribuiría a mejorar los niveles de consumo de una población
desamparada y hambrienta.
Este calvario que han tenido que vivir nuestros compatriotas durante
años por todos los rincones del planeta me trajo a la mente la
interesantísima fábula “El amo de los Monos”, escrita por el famoso
estratega y estadista chino Liu Ji en el siglo XIV utilizando el
pseudónimo de Yu-Li-Ai.
Cuenta la fábula que, en el estado feudal de Chu, un viejo sobrevivía
manteniendo monos a su servicio. Cada mañana el viejo reunía los monos y
le ordenaba que fueran hacia las montañas a recoger frutas. Las reglas
eran que cada mono debía dar un décimo de lo que recogiera. Los que no
cumplían la meta eran salvajemente flagelados. Los monos sufrían
grandemente sin quejarse.
Un día, un pequeño mono, de los más jóvenes, le preguntó a los otros:
“¿Sembró el viejo todos estos árboles frutales?” Los otros respondieron:
“No, ellos crecieron silvestres”. El pequeño mono agregó: “¿Podemos
tomar las frutas sin permiso del viejo?” “Por supuesto”, replicaron los
otros. “¿Entonces, por qué debemos depender del viejo, por qué debemos
servirle?”, respondió el joven.
Antes de que el joven terminara todos los monos se iluminaron, y
despertaron de la explotación a que eran sometidos. Esa misma noche,
mientras el viejo dormía, los monos rompieron las barricadas y las
alambradas, se llevaron con ellos a los bosques todas las frutas que
tenía el viejo en sus almacenes, y nunca más regresaron. El viejo
finalmente murió por inanición.
Esperemos que la “Ley Candado” que propone Capriles venga acompañada de
una poderosa llave que termine de una vez y por todas con nuestro “Amo
de los Monos”.

Source: El amo de los monos – Artículos – Internacional – Cuba Encuentro

www.cubaencuentro.com/internacional/articulos/el-amo-de-los-monos-324391

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