Censorship in Cuba – Censura en Cuba
We run various sites in defense of human rights and need support in paying for servers. Thank you.
Archives

Un concierto por el cambio
Los Rolling Stones, con su histórica actuación, re-significaron la
Ciudad Deportiva
domingo, marzo 27, 2016 | Ana León

LA HABANA, Cuba.- Faltaban 15 minutos para las nueve de la noche cuando
se apagaron las luces y el súper clásico Jumping Jack Flash cortó la
densa atmósfera tras horas de espera. El respetable aulló por encima de
más de mil kilos de audio y comenzó la gran fiesta habanera, al compás
de la banda de rock con más swing de todos los tiempos.

A pesar de la escasa publicidad que se le dio al concierto —limitada a
unos afiches que nadie vio y un spot que pasaban en la tv una vez al
día, si acaso— desde la noche del 24 de marzo había público acampando en
zonas aledañas a la Ciudad Deportiva. Casas de campaña, mantas,
almohadas, sombrillas y bultos de todo tipo convirtieron varios pasajes
de las calles Vía Blanca, Primelles y Santa Catalina en un efímero
“llega y pon”, donde pernoctaron holguineros, camagüeyanos,
espirituanos, villaclareños, cienfuegueros y hasta matanceros
impacientes que no quisieron esperar al día siguiente para asegurarse un
puesto lo más próximo posible al lugar de los hechos.

Ante un escenario como jamás se ha visto en Cuba, flanqueado por dos
pantallas que hicieron del directo una experiencia arrolladora, decenas
de miles de cubanos —y cientos de extranjeros— corearon un repertorio
antológico, espléndidamente defendido por un Mick Jagger bailón,
gozador, reventando de carisma como hace medio siglo, cuando los Rolling
Stones eran, para muchos, la contraparte divertida de los Beatles.
Corrían los años sesenta y el mundo se dividía entre el cuarteto de
Liverpool y los magnéticos rebeldes liderados por Jagger y Richards.

Anoche, en una Cuba que según Silvio Rodríguez es “beatleriana”, se
dieron cita hombres y mujeres cuya mocedad transcurrió en las décadas de
1960 y 1970; pero también jóvenes, adolescentes muy conectados con lo
que estaban escuchando, e incluso niños que no pararon de brincar y
aplaudir durante todo el espectáculo. Y es que hablar de los Rolling
Stones es mencionar a muchas generaciones; es un hecho cultural llamado
a trascender todas las fronteras, los silencios, las ideologías.

Uno tras otro se sucedieron los clásicos que han dado la vuelta al
mundo; pero a la altura de Honky Tonk Woman se produjo uno de los
momentos álgidos de la velada, con todo el respetable en perfecta
sintonía, electrizado por la marcha de un blues-rock inmortal. Elásticos
y ligeros como adolescentes, los cuatro integrantes de la legendaria
agrupación y los músicos de primera línea que les acompañan, desgranaron
canciones entrañables: Simpathy for the Devil, Brown Sugar, Paint it
Black, Miss you y una arrebatadora Gimme Shelter que Jagger cantó a dúo
con Sasha Allan, dueña de una voz poderosa que redondea los coros con la
mejor tradición del blues, el gospel y el jazz.

En una de sus charlas dirigidas al público, Mick Jagger declaró haberse
enterado de que la música de los Stones estuvo prohibida en Cuba hace
algunos años. La sola rememoración de aquella época sombría, iluminada
por la primera visita de la banda a la Isla, estremeció en su contraste
a tantos hippies tardíos que hace cuatro décadas debían transportar un
vinilo de los Rolling Stones, los Beatles, Led Zeppelin o Deep Purple,
en la caja de un disco de Elena Burke, para evitarse una noche en la
unidad de policía, la confiscación del preciado tesoro y un acoso
interminable por “diversionismo ideológico”. Más allá de lo que
representó el concierto para todos los fans de la banda, el impacto
mayor recayó, sin dudas, en esas generaciones escamoteadas. La noche del
25 de marzo significó el saldo de una deuda que en modo alguno había
sido resuelta con el emplazamiento de una escultura de John Lennon en un
parque de la capital.

En los compases finales del show subió a escena el coro “Entrevoces”,
dirigido por la maestra Digna Guerra, para interpretar junto a los
ingleses el tema You can´t always get what you want. El honor —según una
fuente anónima del Instituto Cubano de la Música— debió haber
correspondido a la Schola Cantorum “Coralina” que, bajo la batuta de la
maestra Alina Orraca, se había preparado con anticipación para cantar
junto a los Rolling Stones. Pero como suele suceder, una imposición de
última hora cambió el curso de los acontecimientos, lo cual resultó en
la participación —sin penas ni glorias— de “Entrevoces”, una de las
mejores agrupaciones corales de Cuba que, pese a toda su excelencia, no
estuvo ni remotamente cerca de lo requerido en esta cita excepcional.

La tímida intromisión del coro fue rápidamente eclipsada por el riff más
conocido y el estribillo más provocador de la historia del rock. Con
broche de oro cerró el infaltable canto de los irreverentes: I can´t get
no satisfaction, para que un auditorio emocionado, agradecido y muy
disciplinado se alzara una vez más coreando un himno que apela, sin
medias tintas, al cambio.

Los Rolling Stones, con su histórica actuación, re-significaron la
Ciudad Deportiva. En lo sucesivo será imposible desplazarse alrededor
del “Bidel de Paulina” sin recordar, con la emoción de la primera vez,
que allí tocó la banda de rock más grande y perdurable de todos los tiempos.

Source: Un concierto por el cambio | Cubanet –
www.cubanet.org/actualidad-destacados/un-concierto-por-el-cambio/

Leave a Reply