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¿Cómo accede la ciudadanía a la información?
LUCÍA CORRALES | La Habana | 5 Mayo 2016 – 7:00 am.

No existe en La Habana paisaje más exótico —para agasajo de la opinión
pública internacional procastrista— que aquel donde los ciudadanos
cubanos recrean, apilados en aceras y rellanos de La Rampa, un
“simulacro de conexión masiva” a internet. La Rampa, ayer considerada
entre los sitios emblemáticos del Vedado, es hoy una de las 35 zonas de
conexión WiFi, al aire libre, aprobadas por el régimen del general Raúl
Castro.

Este panorama, deprimente e irrespetuoso por su trasfondo político, más
que publicitario, es otro guiño de un régimen totalitarista al mundo
democrático mientras impone rigurosos mecanismos de control y censura a
la sociedad civil. Por un lado, el régimen cubano se vanagloria de haber
fundado una Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) y a un mismo
tiempo hace que el país ocupe el puesto 129 —según informe reciente de
la Unión Internacional de las Comunicaciones (UIT)— en acceso de sus
ciudadanos al uso de las tecnologías y la información.

¿Somos libres de estar informados?

En todas las aproximaciones o estudios que han intentado definir y
establecer las pautas de la democracia, existe un denominador común:
esta solo es posible (o se alcanza) a través de una sociedad civil
organizada, activa y empoderada. Es decir, la sociedad civil es quien
garantiza, por extensión, el ejercicio de los Derechos Humanos. Y para
ello es imprescindible el ejercicio de la libertad de información.

El concepto primario de información recoge que esta deviene en “un
conjunto organizado de datos procesados, que constituyen un mensaje que
cambia el estado de conocimiento del sujeto o sistema que recibe dicho
mensaje […]. A su vez, la información permite resolver problemas y tomar
decisiones, ya que su uso racional es la base del conocimiento”.

Por otro lado, se asume que el derecho de la información es “el conjunto
de normas jurídicas que tienen por objeto la tutela, reglamentación y
delimitación de derecho a obtener y difundir ideas, opiniones o hechos
noticiables”.

Ambas concepciones están vinculadas a la libertad o derecho de
asociación —”facultad de unirse y formar grupos, asociaciones u
organizaciones con objetivos y propósitos lícitos”— y a la pluralidad de
espacios de opinión pública.

Zulemis Izquierdo, graduada en Lenguas Extranjeras y actualmente guía
turística en el sector privado, considera que: “Si no tienes libertad de
asociación, es imposible entonces hablar de la existencia de una
sociedad civil organizada que pueda exigir acceso a la información y al
conocimiento para su empoderamiento. El Estado sigue aferrado a un
control muy fuerte que fiscaliza casi totalmente los espacios de la vida
social. La única autonomía del cubano es su capacidad de resistencia
para la consecución de sus necesidades económicas. Sin importar de
cuánta tecnología disponga un ciudadano, el acceso a la información
continúa siendo sumamente restringido dentro de la Isla”.

Para Eduardo Lobaina, artista plástico independiente, “la primera causa
de la desinformación ciudadana” es no saber precisamente, qué es
sociedad civil, “ni cuáles son las potestades que le corresponden al ser
un sujeto activo de esta”.

“El autor y único beneficiario en esta histórica desarticulación de
nuestra sociedad civil es el Gobierno”, agrega. “A través de sus
instituciones culturales, de enseñanza y de las organizaciones de masas,
se esforzó siempre en dividir a la sociedad cubana. Con ello logró
contraponer a sus ciudadanos en un juego de vigilancia mutua, y coartar
de esta manera el tiempo libre —origen y sostén de la calidad de vida—
para la búsqueda de herramientas que les permitiera, tanto el acceso a
la información como las vías de formación de un conocimiento crítico en
pos de un individuo más autónomo en sus decisiones políticas, sociales y
culturales”.

¿Estar on-line es lo mismo que estar informado?

Los nuevos escenarios de acceso a internet —que muchos consideran como
únicos pasos concretos aprobados por el régimen después del 17-D en este
sentido— incluyeron la implementación de redes WiFi, la rebaja de las
tarifas de conexión a Internet (desde 4,50 a 2,00 CUC la hora) y el
restablecimiento del correo postal directo con Estados Unidos. Sin
embargo, ninguna de estas aperturas ha significado un crecimiento en el
acceso a la información y al conocimiento de los ciudadanos cubanos.

Caridad Fernández, anestesióloga, argumenta que resulta imposible
sostener esa idea de que las personas que acceden a internet —con las
tarifas establecidas por el monopolio de las telecomunicaciones, ETECSA—
navegan en busca de lo que se entiende como información y conocimiento.

“Aun cuando las tarifas disminuyeron”, reconoce, “estas siguen estando
reñidas con el bolsillo ciudadano. Sin querer pecar de absoluta, se
puede decir que para los cubanos internet se resume en redes sociales
para comunicarnos con familiares y amigos, o en hallar relaciones que
resulten en un billete de avión con destino a donde sea. Es decir, es
más una forma de evasión y entretenimiento que de indagar, superarse e
informarse en cualquier sentido”.

Las tarifas actuales de la telefonía móvil, donde se incluye el servicio
de correos Nauta, distan de ser un “precio de pueblo”. Las llamadas
nacionales tienen un costo de 0,35 CUC y las internacionales oscilan
entre 1,60 y 1,80 CUC. Para los sms la tarifa nacional es de 0,09 CUC,
mientras la internacional llega a 1,00 CUC, siempre que no excedan los
20 caracteres.

Los últimos datos actualizados por el sitio de la Oficina Nacional de
Estadísticas (ONE), en 2013, indican que el salario promedio en Cuba es
de 471 CUP, equivalente aproximado a 20 CUC.

Pero ninguna tecnología, por sí misma, “garantiza la existencia de una
conectividad o navegación óptima, pues también es importante la
comprensión de esas tecnologías”, como advierte Camilo Arencibia, que
dice ser graduado en Ciencias Informáticas aunque “su giro actual” es la
organización de eventos VIP privados.

“La información también hay que aprender a interpretarla y a usarla,
porque es abrumadora”, afirma. “No en vano la gran batalla en internet,
apenas perceptible, no implica solo alcanzar una seguridad informática a
prueba de hacker, sino en cómo posicionarte en el menor tiempo posible.
Debido a estos desconocimientos el individuo promedio tarda más tiempo
en encontrar la información y los materiales de su interés. Si a todo
esto agregamos que la conectividad pública es pésima y la tarifa
carísima, se puede deducir que resulta imposible que ningún cubano pueda
utilizar internet para buscar información o conocimiento que le permita
mejorar su calidad de vida”.

El anuncio, en enero de 2013, de la ampliación del servicio de acceso
público a internet con la instalación del cable de fibra óptica
submarino Alba 1, tampoco significó un acceso masivo a la información.

En mayo de 2013 el Ministerio de Comunicación e Informática emitía una
declaración que, en resumidas cuentas, ha sido la política del régimen
respecto al acceso ciudadano a la información por más de cinco décadas:
“[…] no será el mercado quien regule el acceso a la información en
nuestro país […]. Nuestro modelo se basa en los principios de una
sociedad justa e inclusiva”.

Más que una declaración, se trata de una advertencia que aún está
vigente. Para el régimen, “el mercado” es una metáfora donde suele
incluir, indistintamente, al neoliberalismo, la globalización y a todo
lo que considera una amenaza para su particular modelo de revolución
socialista.

Por otro lado, la prensa controlada por el régimen solo publica aquellos
pactos exitosos que responden a los intereses, al control y la censura
del PCC sobre la sociedad civil. Ejemplos de ello son los acuerdos
suscritos en 2015 entre ETECSA y dos compañías norteamericanas: Domestic
Telecom Inc (IDT) y Sprint Communications Company LP.

Sin embargo no informa al pueblo, con detalles, cuando se trata de
propuestas que tendrían un beneficio e impacto más directo en la
sociedad civil, como fueron la declinación de las ofertas de la
iniciativa Project Link de Google para solucionar —”de forma gratuita y
en corto plazo”— la baja conectividad a internet de la Isla, y
establecer centros comerciales para comercializar equipos de
comunicaciones de última generación. Estas iniciativas de Project Link
tuvieron impactos socioeconómicos sustanciales en naciones africanas
como Uganda y Ghana.

Infraestructura y demanda nacional

El 5 de febrero de 2015 el servidor central del país, ubicado en Buena
Vista (Playa), colapsó. Según explicaron en aquel entonces funcionarios
de ETECSA, esto se debió a una “mala manipulación del sistema por parte
de sus técnicos”; pero se negaron a ofrecer declaraciones sobre la
investigación abierta al respecto, y tampoco supieron explicar el por
qué, desde el 10 de diciembre anterior a esa fecha, los ciudadanos no
podían acceder a las redes sociales.

En marzo de 2015, funcionarios del Ministerio de Comunicaciones e
Informática, negaron el rumor de que el servicio ADSL —línea
independiente de voz y datos con capacidad de conexión de 256 kbs— “se
estuviese ofertando a las cooperativas del sector privado”, agregando
que “hasta este momento no se ha regulado, para particulares, proveer o
prestar servicio de internet bajo ningún concepto. Solo a ciudadanos
asociados a proyectos avalados por instituciones estatales”, como el
caso de Kcho Estudio Romerillo, propiedad del artista oficialista Alexis
Leyva Machado (Kcho).

En mayo de 2015, el sitio Cubarte, perteneciente al Ministerio de
Cultura, se negó a informar a sus usuarios sobre la brecha de seguridad
en sus servidores, que resultó en que centenares de emails privados
estuvieron expuestos a la vista pública en internet. Ante el hecho en
cuestión sus funcionarios evadieron otras explicaciones respecto a la
naturaleza del fallo, y agregaron que cualquier declaración “era
autoridad de la oficina de Seguridad Informática”, que es en realidad el
Equipo de Respuesta a Incidentes Computacionales en Cuba.

Los ejemplos anteriores desmontan cualquier criterio que suponga la
creencia de que en Cuba existe la infraestructura tecnológica para
asumir la demanda ciudadana. En febrero de 2016, directivos de ETECSA
afirmaban que las tarifas se establecen “según los niveles de tráfico
que es capaz de soportar la red móvil y de datos […] y que sería
irresponsable disminuir drásticamente los precios y colapsar el
servicio”. Incluso la “mejoría significativa en el ancho de banda” en
ministerios como Educación, Salud Pública y Justicia, así como la
Fiscalía General de la República, no significaron avances en el acceso
ciudadano a la información.

Otro ejemplo que reafirmaba el atraso de Cuba en este campo fueron las
declaraciones del director de Informática y Comunicaciones del
Ministerio de Turismo (MINTUR), Pavel Pavón Vargas, en la tercera
edición del Congreso Internacional de Negocios y Tecnología para el
Turismo, celebrado en Mérida, México, en diciembre pasado. Allí Pavón
Vargas reconocía que, no obstante ser el turismo el primer renglón en la
economía cubana, la infraestructura del MINTUR “continúaba anclada a la
web 1.0″.

Bibliotecas y embajadas

La Biblioteca Nacional José Martí se considera como “la única
institución adecuada para llevar a la práctica la tarea de compilación y
archivo sistemático de todo cuanto se publica en el país”. ales, así
como las que se publican en el extranjero por autores cubanos”.

Oscar Javier Sanabria, joven que renunció a culminar el servicio social
en la especialidad de Química para dedicarse al negocio de la renta de
viviendas a extranjeros, cuestiona que ni siquiera la Biblioteca
Nacional tiene la infraestructura y el soporte tecnológico para asumir
la demanda que suponen su misión y función.

“Después de su última remodelación, en la Sala General se ofertaba el
servicio de navegación de internet, pero este dejó de funcionar apenas
un año después por problemas tecnológicos”, afirma.

Yordanka Ledesma, joven diplomada en Maquillaje y Cosmética
Internacional, agrega que no existe mucha información sobre bibliotecas
independientes como alternativa para la búsqueda de información. Las que
apenas se conocen están relacionadas con la disidencia y son muy
vigiladas y hostigadas por la Seguridad del Estado. Por otro lado, la
opción de acudir a las embajadas que ofrecen servicio de acceso a
internet para ciudadanos cubanos es igual de problemática porque están
listadas por el Gobierno como “no muy amistosas”.

Las embajadas de República Checa, Suiza y Estados Unidos ofrecen
regularmente el servicio de navegación de internet, acceso a
publicaciones especializadas restringidas a la sociedad civil, y
talleres relacionados con el uso de las nuevas tecnologías. Sin embargo,
el temor ciudadano obedece a la posible aplicación de la Ley 62, que
pena con privación de libertad delitos relacionados con la circulación
de información y uso de las nuevas tecnologías.

En su conjunto, el artículo 103 —propaganda enemiga— condena entre uno y
hasta 15 años a quien “confeccione, distribuya o posea propaganda contra
el orden social, la solidaridad internacional o el Estado socialista”.
El artículo 210 —clandestinidad de impresos— condena hasta un año a
quien “confeccione, difunda o haga circular publicaciones sin indicar la
imprenta o el lugar de impresión o sin cumplir las reglas establecidas
para la identificación de su autor o de su procedencia, o las
reproduzca, almacene o transporte”.

El Paquete, la Antena y otras alternativas

Yoel O’Farril, licenciado en Contabilidad que ejerce en el sector
privado como tenedor de libros, fundamenta que los canales alternativos
son los que posibilitan el acceso a la información, en tanto “el Estado
no cuenta con una plataforma estructural” para soportar las actuales
demandas de la telefonía móvil prepago.

“Esta realidad se evidencia en las constantes interrupciones del
servicio de correo electrónico Nauta, y en la deficiente conectividad
tanto en las salas de navegación como en la conexión WiFi. En mi
criterio, los canales alternativos para acceder a cualquier tipo de
información seguirán siendo las que ofrece El Paquete y La Antena”.

El Paquete es un sistema de distribución de contenido digital en el
mercado negro, que ha permitido que muchos cubanos tengan acceso semanal
a un menú de películas, programas de televisión y archivos de portales
digitales que son comercializados “a precio de pueblo”, puerta a puerta
usando discos duros. La Antena, a un costo mensual de 5,00 CUC, es la
captura de la señal de los canales miamenses.

A pesar de que ambos servicios son ilegales, el régimen se ve obligado a
hacerse la vista gorda en tanto ha devenido en fenómeno masivo, aunque
lo reprime de tiempo en tiempo.

Existen también otras variantes, asegura Yoel, como subarrendar una
cuenta con dominio Enet a 15 CUC por 50 horas. “Solo que tendrías que
tener la gran suerte de encontrar un extranjero que tenga el contrato
por cuenta postpago”, reconoce. “Y, aunque la conectividad es lenta, la
comodidad es que tienes el servicio en la casa”.

“También está el recién estrenado proyecto Apretaste que consiste en
enviar un mail y en el asunto pones la información que buscas y a vuelta
de correo te llega toda la información del tema comprimida”, agrega.
“Del lobo, un pelo”.

Un editorial de The New York Times, publicado el 30 de noviembre pasado,
aseguraba que “millones de cubanos podrían tener acceso a internet a un
precio moderado en cuestión de meses. Lo único que mantiene a Cuba en
las tinieblas de la información, en plena era digital, es la falta de
voluntad política”.

Es precisamente al conocimiento y a la información en poder de la
sociedad civil a lo que teme el régimen controlado por Raúl Castro. En
su totalitarismo, ni siquiera vislumbran el riesgo de ignorar las
advertencias de El cambio de poder, texto de Alvin Toffler publicado en
1990 sobre la emergencia de lo que su autor llamaba “capital simbólico”
en referencia a la información y el conocimiento. Advertencias que
además de vigentes son aplicables, en alguna medida, a la realidad
cubana: “Una potencial pesadilla a la que los gobiernos de países con
alta tecnología se enfrentan se deriva de la división de las poblaciones
en inforricos e infopobres. Cualquier gobierno que deje de tomar medidas
concretas para evitar esta división está buscando que se produzcan
convulsiones políticas en el futuro”.

Source: ¿Cómo accede la ciudadanía a la información? | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/cuba/1462428033_22147.html

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