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El derecho a escribir
La burocracia cubana sigue apostando a técnicas que no producen la misma
efectividad ni se aceptan con la misma obediencia de hace 10 o 20 años
Luis Carlos Battista, Miami | 15/07/2016 12:05 pm

Recientemente se ha difundido la prohibición a los periodistas cubanos a
colaborar con medios digitales extranjeros que tienen presencia en la
Isla. La medida, de por sí controversial, pone en claro la mala
costumbre de nuestros burócratas, el facilismo de prohibir sin
solucionar las causas.
Esta decisión, debo reconocer, no me afecta en lo absoluto. No soy
periodista, no trabajo en ningún medio oficial cubano y no resido en la
Isla, por el momento. Sin embargo, me solidarizo con tantos amigos que
se ajustan al perfil. A pesar de que la idea viene circulando desde hace
un tiempo y ya era vista llegar, no deja de causar cierto bochorno aún
desde la distancia.
La burocracia nuestra, anquilosada y dogmática, sigue apostando a
técnicas que no producen la misma efectividad ni se aceptan con la misma
obediencia de hace 10 o 20 años. Es incapaz de reconocer los nuevos
tiempos y las nuevas dinámicas que un mundo cada vez más globalizado
conlleva, y por ende va perdiendo hegemonía entre la sociedad cubana.
No creo necesario argumentar las causas por las cuales cada cual busca
una plataforma no oficialista donde exponer su palabra, son tan
disimiles como colaboradores hay. Además quienes sufren en carne propia
la medida pueden tratar el tema de forma más cercana y vívida. Pero sí
quiero exponer mi criterio sobre la libertad que en este caso se está
cercenando.
¿Quién es el autor de semejante decisión? ¿En qué disposición jurídica
se implementa? ¿Bajo qué facultad administrativa? ¿Qué defensa les
asiste a los afectados de esta medida? ¿Quién decide lo que es
contrarrevolucionario o no? ¿Bajo qué argumentos? ¿Qué legitimidad tiene
un burócrata para decidirlo? ¿Qué peso tiene la opinión de a quienes
atañe? Son sólo algunas preguntas pertinentes. Lastimosamente en la
historia patria han existido demasiados Torquemada y la cuenta, al
parecer, no parece bajar con la impunidad que otorga la meritocracia
parcializada.
La medida, basada una vez más en la desconfianza, busca acallar la
proliferación de jóvenes profesionales que han encontrado un espacio
para dar cauce a ideas y párrafos que no hubiesen podido ver la luz en
una prensa nacional, salvo excepciones, de plantillas y alabanzas que
pierde audiencia a doble paso entre la población de la Isla.
En la constitución cubana se consagra el derecho a la libertad de prensa
con la limitante de que debe ser conforme a los fines de la sociedad
socialista. El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, de
la cual Cuba es signataria, establece que “este derecho comprende la
libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda
índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o
en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su
elección.”
La búsqueda de ampliar los derechos humanos para los cubanos no puede
cejar bajo la justificación santificada desde las más altas instancias
de la Revolución de que ningún país del mundo cumple todos los derechos
humanos. Apelar a tal justificación es todo menos revolucionario. No
podemos quedarnos conformes con el desgastado discurso de que la
Revolución le ha dado salud y educación universal y gratuita a los
cubanos residentes en la Isla.
Afortunadamente, los principales dirigentes en cada intervención frente
a los directivos de los principales medios de comunicación hacen el
mismo reclamo que se hace en las calles: una prensa más dinámica,
alejada de estereotipos, con críticas reales y sin la extrema adulación
que, para ser honestos, es poco creíble. En fin, una prensa nueva con
una mente nueva. Sin embargo el sistema que rige la misma es el mismo
corroído de hace años y no cambia. Los directores y principales editores
en los medios son los mismos ortodoxos de siempre, ni hablar del jefe
del departamento partidista encargado de supervisar la política
editorial de los medios nacionales. Mientras no se cambie la maquinaria
que rige nuestra prensa, nada cambiará. No es posible exigirle a un
perro viejo nuevos trucos.

Source: El derecho a escribir – Artículos – Opinión – Cuba Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/el-derecho-a-escribir-326044

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