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Los tres tristes tigres son inocentes
RAÚL RIVERO | Miami | 3 de Febrero de 2017 – 11:13 CET.

No hay olvido posible ni muerte prevista para la novela Tres tristes
tigres del cubano Guillermo Cabrera Infante (Gibara, 1929-Londres, 2005)
porque renovó y enriqueció la lengua española cuando, hace 50 años,
la gente de la calle —con toda su poesía, su drama, su originalidad y
sus faltas de concordancia y de ortografía— asaltó en sus páginas los
santuarios de la literatura. Y, además, porque en ese libro es donde
único vive todavía la espiritualidad de la noche habanera, una manera
cubana de ver la vida y disfrutarla que apagó el socialismo con un sol
artificial importado de Rusia.

El autor, nacido en un puerto del oriente cubano, hijo de comunistas,
pobre y alerta, como todos los jóvenes de su generación quería ser
médico. Su llegada a La Habana, en 1941, con más ilusión que ropa en su
maleta de cartón, le hizo descubrir dos de sus grandes pasiones: la
ciudad misma y la literatura.

Cabrera Infante, se dice que por una apuesta, escribió una parodia de
una pieza de Miguel Ángel Asturias y la envió a Bohemia, la más
importante revista cubana de todos los tiempos. Se quedó paralizado
cuando vio su texto en letra de imprenta en el semanario. Dijo después
que la publicación de su cuento “cambió mi vida definitivamente”. Y,
desde luego, cambió también el panorama de la narrativa de su país y de
Hispanoamérica.

Dejó la carrera de Medicina y estudió Periodismo y a los nueve años de
convertirse en habanero oficial comenzó a hacer la crítica de cine en la
revista Carteles con el seudónimo de G. Caín. Por otra parte, el cambio
definitivo que experimentó cuando vio publicada su parodia de Asturias
lo condenó a sentarse todas las noches a escribir una historias que a
finales de los 50 conformaron su primera colección de cuentos : Así en
la paz como en la guerra, que se editó en La Habana en 1960.

Ese es el libro inicial de su obra que incluye novelas, cuentos, crítica
de cine, guiones, artículos y ensayos. Un trabajo que todavía no se
puede cerrar en cifras porque Cabrera Infante escribió hasta el final de
su vida y al morir dejó inédita una zona de su trabajo que su esposa, la
actriz Miriam Gómez, ha comenzado a publicar.

Lo cierto es que el libro que le dio renombre universal y lo clavó en
la historia de la literatura escrita en español es Tres tristes tigres,
publicada en Barcelona, en 1967, y que ahora se reedita en España. El
recorrido de esa novela es novelesco por el fragor y la intensidad de
sus batallas contra los censores de todas las orillas y de todas las
ideologías y por sus maromas para librarse con altura de los reconcomios
que produce la envidia, que es admirar con rabia.

Pero la novela es inocente. Las historias que cuenta son divertidas y
apasionantes, está llena de música y de personajes que aman la noche
habanera, se enamoran con unos bolerones que siguen vivos y cuando ven a
una mujer bonita no le dicen un piropo ni la comparan con las estrellas.
Lo que hacen es mirar para otro lado y decir: “¡Qué cosa ma grande
caballero!”.

Tres tristes tigres es una fiesta fundamental del idioma porque Cabrera
Infante, un hombre culto que vivió barrios marginales y era testigo y
protagonista de la bohemia de la capital cubana, mezcla su relato con la
jerga callejera y las contraseñas de la vida nocturna de aquella Habana
desaparecida. Lo hace con maestría y sentido del humor y con una
capacidad infinita para jugar con las palabras.

Así es que el culpable de los avatares de Tres tristes tigres es su
autor porque combatió la dictadura de Fulgencio Batista, se integró al
proceso de cambios que anunció Fidel Castro en 1959 y después también se
enfrentó a su dictadura. Cuando la novela se publicó debía de entrar de
manera natural en el llamado Boom Latinoamericano. Y entró. El que no
tenía cabida era Cabrera Infante, acusado de traidor y gusano por el
régimen, acosado por la censura franquista y rechazado, en general, por
su lealtad a la libertad de escribir y decir lo que se piensa ante
cualquier grupo de poder.

Tres tristes tigres de todas formas, con todos los reparos al autor, se
reconoció poco a poco en Hispanoamérica y en España. Como se le abre su
espacio también al escritor cuyo delito entre comillas fue denunciar y
luchar hasta el último minuto contra la dictadura que controla su país.

La novela, prohibida en Cuba, la han leído a escondidas miles de
personas después de largas listas de espera o de cambiar un ejemplar por
un par de zapatos o unas latas de leche condensada. La han aprovechado
muy bien las nuevas generaciones de escritores que niegan a Cabrera
Infante en público y lo respetan y lo admiran en privado. Y la leen los
funcionarios del Gobierno que ahora quisieran publicarla para tratar de
callar a Cabrera Infante y darle barniz el crimen de censurar una de las
novelas más importantes escritas en español en el siglo XX.

Este artículo apareció originalmente en El Mundo. Se reproduce con
autorización del autor.

Guillermo Cabrera Infante, Tres tristes tigres (Edición Conmemorativa,
Seix Barral, Barcelona, 2017).

Source: Los tres tristes tigres son inocentes | Diario de Cuba –
www.diariodecuba.com/de-leer/1486116806_28651.html

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