Warning: Parameter 2 to SyndicationDataQueries::posts_search() expected to be a reference, value given in /home/www/cubacensura.impela.net/wp-includes/class-wp-hook.php on line 298

Warning: Parameter 2 to SyndicationDataQueries::posts_where() expected to be a reference, value given in /home/www/cubacensura.impela.net/wp-includes/class-wp-hook.php on line 298

Warning: Parameter 2 to SyndicationDataQueries::posts_fields() expected to be a reference, value given in /home/www/cubacensura.impela.net/wp-includes/class-wp-hook.php on line 298

Warning: Parameter 2 to SyndicationDataQueries::posts_request() expected to be a reference, value given in /home/www/cubacensura.impela.net/wp-includes/class-wp-hook.php on line 298
Informar desde la dictadura es dificil | Censorship Cuba Censura
Censorship in Cuba – Censura en Cuba
We run various sites in defense of human rights and need support in paying for servers. Thank you.
Recent Posts

Warning: Parameter 2 to SyndicationDataQueries::posts_search() expected to be a reference, value given in /home/www/cubacensura.impela.net/wp-includes/class-wp-hook.php on line 298

Warning: Parameter 2 to SyndicationDataQueries::posts_where() expected to be a reference, value given in /home/www/cubacensura.impela.net/wp-includes/class-wp-hook.php on line 298

Warning: Parameter 2 to SyndicationDataQueries::posts_fields() expected to be a reference, value given in /home/www/cubacensura.impela.net/wp-includes/class-wp-hook.php on line 298

Warning: Parameter 2 to SyndicationDataQueries::posts_request() expected to be a reference, value given in /home/www/cubacensura.impela.net/wp-includes/class-wp-hook.php on line 298
Archives

Informar desde la dictadura es difícil
Por Luis F. Millán
Bitácora Cubana, 9 de agosto de 2006 – La Habana (La Razón)

El siguiente es el relato de las peripecias, angustias y desvelos
vividos por los periodistas para burlar la censura de la dictadura
cubana y las medidas de seguridad implantadas por el Centro de Prensa
Internacional, dependiente del Ministerio del Interior cubano, que se
encarga de supervisar –«aprobar»– el trabajo de los corresponsales
extranjeros permanentes y en tránsito. El esfuerzo realizado por varios
de los periodistas con los que he tenido el placer de conversar no tiene
otro objeto que ofrecer la información más completa y objetiva posible a
sus audiencias sobre lo que sucede en la isla, y aportar un granito de
arena a la lucha a favor de la libertad de expresión que libran
diariamente los profesionales de los medios de comunicación.

Evidentemente, la mayoría se presenta en La Habana sin el visado
especial de trabajo que exigen las autoridades de la dictadura. Su
tramitación lleva 21 días de media, según establece la burocracia
revolucionaria. No hay otro camino que el de hacerse pasar por uno más
de los millares de turistas que se internan cada semana en la isla en
busca de diversión y solaz esparcimiento. Por cierto que como destino
turístico Cuba es actualmente carísima. Los dólares americanos no los
coge nadie en la calle, el peso cubano cotiza a la par del euro y en
cada transacción descuentan un 15% de comisión. Un trayecto en taxi de
unas 20 calles sale a no menos de diez euros.

Consejos desalentadores. Los más inexpertos dan la primera explicación
que se les ocurre en el control de migración del aeropuerto José Martí,
que por lo visto no es muy difícil de franquear sin problemas. En las
recepciones de los hoteles, como era de esperar, no se aceptan las
tarjetas American Express –no hay transacciones comerciales con EE UU–,
pero no se pone ninguna «pega» a la Visa española. Los que burlan estos
controles se dan de bruces contra la realidad cuando se intenta hacer
contacto con una fuente informativa: «Te van a echar, en cuanto te
detecten, te detienen. Y si te va bien, te ponen en el primer vuelo de
regreso y quedas en la lista negra para no volver a entrar nunca más» es
el triste consejo de los más veteranos que ya se conocen el proceso.

Es absolutamente verdad. Mario Antonio Guzmán, de Radio Cooperativa de
Chile; Álvaro Ugaz, de Radio Programas del Perú, y los enviados
especiales de «The Washington Post», «Los Angeles Times» y «The Miami
Herald» fueron detectados en la fila del control de inmigración del
aeropuerto, aislados e interrogados. A todos se les informó que no
estaban autorizados a entrar en el país y que debían abandonar
inmediatamente la isla, corriendo ellos mismos con los gastos del viaje,
claro está. Todo intento de negociación resultó inútil, y las
autoridades migratorias les advirtieron de que no permitirían el ingreso
de ningún periodista no acreditado.

Más de 150 profesionales de la comunicación de todo el mundo aguardan el
correspondiente visado de Prensa de las autoridades cubanas desde la
noche del 31 de julio, cuando se difundió la «proclama» de Fidel Castro
delegando temporalmente el poder. El caso de los informadores
estadounidenses, chilenos y peruanos no era el único. La Razón pudo
contactar en La Habana con el enviado especial de otro medio español que
fue detectado y amenazado con represalias contra su medio si enviaba una
sola crónica. Por el contrario, hubo otro caso de un periodista español
que sí trabajó amparándose en una identidad falsa. Con este panorama tan
halagador y se superan todos los obstáculos, los periodistas se dan a la
tarea de levantar cuanta información pueden, hablando con la gente de la
calle y buscando su confianza y complicidad, siguiendo puntualmente
también los mensajes oficiales del régimen a través de la Prensa
escrita, la radio y la televisión, e intentando hacer contacto con
«fuentes reservadas».

No se pueden tomar notas, eso hubiese resultado demasiado obvio, así que
se escucha cuanto se puede y se hacen visitas al servicio para apuntarlo
todo, imbuidos todos del espíritu de Ernest Hemingway. Con disimulo. Por
las noches, con la música de los programas de la televisión como fondo
para no ser escuchados, los periodistas ilegales escriben en sus
ordenadores portátiles en la clandestinidad de su habitación de hotel,
intentando evitar el ruido del teclado. El texto se guarda en un
disquette y a la mañana siguiente los plumillas se dispersan por alguno
de los locales que ofrecen Internet para turistas. Sabedores de que
cualquier empleado puede convertirse en delator si se le presenta la
oportunidad, favor con favor se paga, algunos se pasan la mañana
buceando en páginas deportivas o de la Prensa del corazón, y cuando se
tiene la certeza de que no hay vigilancia, se introduce discretamente el
disquette en el ordenador para vaciar su contenido en el correo
electrónico. Después, cuando nadie mira, se extrae el pequeño y plano
cuadrado de color negro.

Después se hacen los «suecos». La agonía de Fidel puede alargarse meses,
así que no es mucho lo que un periodista clandestino puede hacer. Aún
así, los que se han quedado fuera a buen seguro que seguirán intentado
acceder a la dictadura de uno u otra manera. La historia del relevo en
Cuba es demasiado buena.

http://www.bitacoracubana.com/desdecuba/portada2.php?id=2666

Leave a Reply